La garita vacía y el portón abierto de Lodge Pikaia fue una invitación irresistible a pasar tantito a sus predios verdes, jardines y parques al pie de la colina que se levanta en la zona de El Fatal. Una suerte de palacio de cristal y madera anida en la cima constituyendo el mirador lujoso de la cordillera isleña y del bosque seco tropical que desciende cargado de los perfumes de Palo-Santo a la costanera rocosa adornada con caletas y playas menudas como El Garrapatero. La colina Pikaia se quedaría en mero balcón de excepción para contemplar en el paisaje profundo y encantado, si no fuese porque acoge y protege el tiempo-espacio de la especie de tortuga gigante endémica del este de isla Santa Cruz, Chelonoidis donfaustoi.

Oda a la Chelonoidis donfaustoi
Habías desaparecido,
confundida en los registros de la extinción;
las colinas de El Fatal eran el campo santo de tu especie,
y, la Chelonoidis porteri, quedó como la única gigante de la isla.
Un buen día, la ciencia, te descubrió:
!Bien venida seas tortuga del este!
Recibiste el nombre del amigo del Solitario George,
Don Fausto.
Apareciste azas disminuida en especímenes,
aún latiendo en las selvas que jamás abandonaste.
Te veo y siento en los charcos-piscinas de Cerro Mesa,
escucho tu silencio detrás de la barrera arbórea,
sigo el sendero que abriste a fuerza por la húmeda fronda;
eres el galápago viajando de la pubertad a la adolescencia,
avivando las orillas del asfalto que baja a playita de arena dorada.