Baltra irrepetible

La posibilidad de aterrizar y despegar del aeropuerto Seymour persiste, mientras sea pasajero usuario de sus instalaciones. Otra cosa es andar furtivo, en radical y feliz soledad, entre las ruinas de la extinta base aérea U.S.A de isla Baltra. No es una opción cualquiera que está a la mano en la oferta turística de  calle Baltra, Puerto Ayora, y tampoco es una decisión voluntariosa para transgredir la norma de “prohibido el paso”, sino que es poesía mandarse a mudar al encanto y contemplación irrepetible en el desierto donde he sido y soy afortunado receptor de acontecimientos. 

 

Pasando por Conolophus casino, alegres reptiles juegan al escondite y brotan de las sombras para quedarse estáticos sobre baldosas ladrillo cuarteadas. Vengo a desembocar en la Pista de iguanas terrestres tomando el paso distraído con la temporada de abejorros y grillos galapagueños, estos beneficiándose de las flores de la vegetación leñosa y arbustiva que aprovecha a tope lluvias raras en estación seca, la explicación es que el preludio de un fenómeno del Niño potente ha trastornado el devenir del archipiélago entero. 

 

Llegando al tope de la pista aérea teniendo como referencia las aspas quietas de la energía eólica vacacionando, busco la sombra mínima para reposar, hidratarse e ingerir la ración de marcha. Escucho el canto de aves de orilla tras la cortina de espinos de palo verde y queda en suspenso el tiempo de refresco, abro los ojos a una isla distinta: he ahí Baltra inundada, nunca antes percibida por el transeúnte. Sé que aquí he visto de corrido tierra rojiza, arcillosa, formando una suerte de piscinas vacías o trampas de arenas movedizas; ahora encuentro un paisaje acuático salobre de aves de orilla: concha acústica de garzas blancas, monjas mexicanas y patillos galapagueños.

Sacrificio y fuga

En Santa Cruz, la especie de iguana marina propia de la isla, Amblyrhynchus cristatus hassi, tiene su amanecer de críos que pululan por doquier luchando por sobrevivir ante depredadores como la gaviota de lava endémica de Galápagos (Leucophaeus fuliginosus). Para las pequeñas iguanas grises, desde que eclosionan en sus nidos, el golpe de realidad es contundente. Los críos vienen separados del mar por laberintos verdes y leñosos del monte salado (Cryptocarpus pyriformis), manglares, campos de opuntias gigantes y cúmulos de lava volcánica petrificada. Apenas nacen y son  arrojados al fragor de la vida-muerte salvaje, forzados a sumergirse y encontrar el único alimento vegetal que los nutre y que brota de las rocas submarinas gracias a las corrientes de agua templada, no hay otra opción es zambullirse o morir de inanición. 

 

Iba de filósofo en brisa, tumbado a la sombra extendida de benéfico manglar de playa brava, mimado por las delicias de la arena fina, cálida, suave y cremosa, cuando el llamado del sentido atento al acontecimiento natural me sacudió y de un tirón acudí la acción de vida-muerte en proceso. Siendo al unísono espectador y perseguidor en la playa vacía e inmensa del sacrificio y la fuga.Fuí parte secundaria del escenario de la gaviota de lava acometiendo feroz al crío de iguana marina que rumbo al cadalso intentaba hacer el quite salvador. La intromisión del bípedo humano no ahuyentó al ave rapaz que, afinando la puntería, atrapó a la presa y se concentró en conservarla para sí ante un rival que aterrizó a disputar el banquete. Al cabo, la primera cazadora salió airosa, apuró la faena tragando a la criatura desfallecida y desapareció de escena a digerir en paz.  

 

El contraste arribó minutos después con otro crío de iguana marina que huía despavorido de la amenaza aérea, el cuerpo gris sobresalía entre la arena blanca resplandeciendo con el sol ecuatorial del mediodía. Vino a por la presa la  gaviota de lava de turno, podría haber sido la pirata que falló hace instantes en el cometido de robar la cacería a su congénere. Patas palmeadas de uñas afiladas y el pico fiero buscaron con ahínco atenazar y comprimir al crío de iguana marina, pero este espécimen sí mostró rapidez y habilidad innata para fugarse, !bravo por él¡ El pequeño llegó a tiempo a la zona de seguridad de las rocas negras y se escabulló donde además de mimetizarse encuentra rendijas y cuevas frescas para reposar antes de tomar la ola quieta que lo sumerja en el océano nutricio.          

Volcán Antisana a la vista

Aquí una recopilación de instantáneas propias de un espectador afortunado en el superpáramo a la sombra del volcán Antisana. Las imágenes congeladas se reaniman a futuro, y despiertan expandiéndose en otro tiempo y espacio merced a la memoria mágica. Esto es convertir momentos pasados en acontecimientos renovables. 

Fue una eternidad mental y física atravesar el tramo de pajonal rebozando vitalidad asociada a los verdores turgentes de almohadillas de superpáramo, avanzaba con los oídos bajó el eco metálico de la vertiente de agua fósil que aún invisible era añorada por ojos sedientos de que la música acuática se haga realidad y estalle acarreando milenios desde el deshielo incontenible de los glaciares del volcán Antisana. Apenas llegando al paraje justo amparado por la luz y la tibieza del intermezzo meteorológico en época de lluvia helada y fue cometer el ritual del montañero jovial: siesta lovochanceana al son de líquido fósil mimetizado con los jardines de altitud descendiendo a la Micacocha. 

Es inexorable la desaparición de los glaciares tropicales del Ecuador y está a la vista del común mortal. Conforme tenía una visión más cercana y de conjunto del coloso andino, a quien no he visitado hace dos años y casi cuatro meses, su transformación era evidente, sensible. Alzar a ver a la cara sur disponible del volcán Antisana, ya aprovechando de la meteorología que trajo el azar, fue ser testigo de cómo se han diluido los heleros colgantes dejando una huella de roca calcinada que se asemeja al carbón. Matizando con el rostro requemado de la pared sur, el glaciar de la cara occidental era un campo blanco arrugado, penitente, sufriendo constante agrietamiento. El absoluto de las nieves perpetuas de la alta montaña del Ecuador ha caído, no de repente sino sometido a un fenómeno climático que viene de lustros atrás.

Capturé la silueta a distancia y a contraluz del único cóndor en levitación sobre mi testa, su entrada a escena fue una fiesta con fondo azul. El cóndor, acogiéndose al mínimo esfuerzo, se desliza en las corrientes térmicas sin aletear, así puede pasar horas buscando la carroña que lo exime de ser un ave de rapiña. Esta majestuosa ave trajo consigo la paradoja de ser una especie en extinción -¿serán 150 especímenes que todavía sobreviven en esta parcela de planeta llamado Ecuador?-, mientras su imagen se exhibe airosa en el escudo nacional, multiplicándose aquí y en los tantos países en los que hay representación diplomática y en particular donde habitan millones de emigrantes ecuatorianos. 

Imagino al montañero de fuste y magnífico ilustrador Edward Whymper de regreso, habiendo transcurrido un océano de tiempo humano, en el superpáramo del volcán que hizo cumbre en marzo de 1880, por primera vez en la historia del andinismo ecuatoriano, preguntando perplejo: ¿Dónde están las docenas de cóndores que observé a diario suspendidos en los cielos del Chimborazo y de este desangelado cielo del Antisana? Lo cierto es que cuando Whymper estuvo por acá se alojó en los predios de la mega hacienda “Antisana” de  Rebolledo, y se enteró que la sentencia de muerte contra los cóndores se había dictado en firme por los hacendados y su tropa debido al convencimiento general de que el cóndor era una ave de rapiña que devoraba animales de rebaño vivos y que dado el caso atacaba a los campesinos lanzándose a picar sus ojos. Hasta el señor Whymper creyó en esa patraña de que el cóndor era una suerte de bestia alada proveniente del inframundo. El señor Whymper fue invitado de honor a presenciar y disfrutar de una trampa montada con un caballo enfermo sacrificado por el terrateniente Rebolledo, el fin era demostrar las habilidades de los vaqueros en el arte de lacear y liquidar al maligno cóndor el momento que esté pesado por el atracón y tenga dificultades en alzar vuelo… La cosa falló, aunque se reunieron dieciocho especímenes en torno al festín fueron embestidos por los vaqueros antes de que se metan de lleno a devorar a gusto el cadáver, livianos aún huyeron rápido y fácil del lugar. He aquí la ilustración artística de Whymper que ha quedado como testimonio del hecho para la posteridad (foto JAB, tomada del libro “Viajes a través de los majestuosos Andes del Ecuador”, página 199, Ediciones Abya-Yala 1993).

Lagartija en óxido ferruginoso

Atento al festival de zánganos polinizando la vegetación leñosa de baja altura que obsequia al visitante flores blancas y amarillas que brotan de la canícula y el añoso asfalto, de repente atrapé la imagen del lagarto Microlophus indefatigable. Esto ocurre en la cosecha de instantes para la memoria viajera y se da sobre la marcha, ya internado en los silencios y murmullos de la pista de la base aérea extinta, ya inmerso en una burbuja de reptiles endémicos que medran en el espacio-tiempo requemado que, de vez en cuando, bendecido por lluvia tropical mantiene en mínimos ralo bosque seco. Así hallé al lagarto retrepado en el tanque de agua caliente oxidado: la cosa que otrora fue útil de aseo se ha transformado en una suerte de escultura esculpida por la erosión e incrustada en el paisaje isleño, digamos que es un derecho adquirido tras ocho lustros de abandono en la intemperie. Ayer fue la captura de la imagen de la iguana, Conolophus subcristatus, beneficiándose de la sombra del tanque que la acogía; ahora es la pincelada de la lagartija de lava trepada en lo alto del artefacto-reliquia, aquí expongo su figura antes de que se hunda en la fresca oscuridad de óxido ferruginoso. 

Mezcalito y Tychia

 Este texto asume el análisis crítico del relato “Mezcalito”, perteneciente al libro El hombre sin espejos. El relato establece un diálogo intertextual con la novela Bajo el volcán de Malcolm Lowry y sitúa a la viajera Tychia como observadora de la tragedia del Cónsul Geoffrey Firmin durante el Día de Muertos en Quauhnáhuac. “Mezcalito” puede interpretarse como una meditación narrativa sobre la búsqueda de sentido en el mundo contemporáneo. El relato transforma la tragedia personal del Cónsul en símbolo de la fragilidad humana, mientras la figura de Tychia sugiere una conciencia capaz de contemplar la totalidad de estas historias.  

“Mezcalito”: Estructura simbólica, arquetipos y filosofía del destino

1. La arquitectura simbólica del relato

Aunque el relato es breve, su estructura puede entenderse como un pequeño drama metafísico compuesto por tres momentos.

I. Aparición (la mirada de Tychia)

El relato se abre con la presencia de Tychia, figura que actúa como conciencia observadora. En términos narrativos, esto produce un efecto muy particular:

  • el relato no está contado desde dentro de la tragedia
  • está contado desde una mirada exterior

Esto introduce una dimensión casi cósmica. La tragedia humana se observa desde una conciencia que parece pertenecer a un plano más amplio del ser. Es el mismo recurso que aparece en autores como:

  • Jorge Luis Borges
  • Italo Calvino

donde el narrador posee una perspectiva que excede el tiempo ordinario.

II. El encuentro con el condenado

El segundo momento es el encuentro con el cónsul, el “Mezcalito”.

Aquí el relato se conecta con la obra de Malcolm Lowry y su novela
Under the Volcano. Pero lo interesante es que el personaje aparece como si ya estuviera atrapado en su destino. No es un hombre que todavía pueda salvarse. Es un hombre que ya pertenece a la tragedia. En términos clásicos, esto es lo que los griegos llamaban: anagnórisis invertida. No descubrimos quién es el personaje. Descubrimos que ya está perdido.

III. La Máquina Infernal

El tercer momento es la aparición de la Máquina Infernal, símbolo extraordinariamente potente. Esta imagen funciona en varios niveles:

  1. Destino trágico
  2. Mecanismo del mundo moderno
  3. fatalidad psicológica

El personaje no cae solo por el alcohol. Cae porque se encuentra atrapado en un mecanismo existencial. Esto recuerda el pensamiento de:

  • Friedrich Nietzsche
  • Albert Camus

donde el hombre moderno descubre que el universo no tiene sentido inherente.

2. Interpretación arquetípica (Jung)

Si observamos el relato desde la psicología profunda de Carl Gustav Jung, aparecen tres arquetipos muy claros.

El arquetipo del Testigo

Tychia encarna el arquetipo del Testigo. Este arquetipo aparece en muchas tradiciones:

  • el observador del karma en el hinduismo
  • el ángel que registra las acciones humanas
  • el narrador cósmico de la literatura moderna.

El testigo no actúa. Solo contempla. Y esa contemplación convierte la tragedia individual en significado universal.

El arquetipo del Hombre Caído

El cónsul pertenece al arquetipo del Hombre Caído. Este arquetipo está presente en figuras como:

  • Fausto
  • Prometeo
  • el héroe trágico moderno.

Es el individuo que ha visto demasiado. Su caída no proviene de la ignorancia. Proviene de la lucidez excesiva.

El arquetipo del Espíritu de la Bebida

El “Mezcalito” también puede interpretarse como un arquetipo antiguo: el espíritu de la planta sagradaEn muchas culturas:

  • el peyote
  • el soma védico
  • la ayahuasca

son vistos como entidades vivas.

El nombre “Mezcalito” resuena con esa tradición. El alcohol no es solo una sustancia. Es una presencia.

3. Filosofía del relato

En el fondo, el cuento plantea una pregunta profundamente filosófica: ¿Es posible escapar al propio destino? Aquí el relato dialoga con varias tradiciones.

La tragedia griega

En la tragedia clásica, el héroe está atrapado por Moira, el destino. Esto aparece en obras como las de
Sófocles. El destino no puede evitarse. Solo puede cumplirse.

El absurdo moderno

En el siglo XX, pensadores como Camus interpretaron la tragedia de otra manera. No hay destino divino. Hay absurdo. El universo no tiene intención.Pero el hombre sigue buscando sentido. El cónsul representa exactamente esa situación.

La mirada cósmica

Aquí aparece el papel de Tychia. Ella introduce una perspectiva distinta. El relato sugiere que la tragedia humana puede ser contemplada desde una escala mayor del cosmos. No para negarla. Sino para integrarla.

4. Interpretación final

“Mezcalito” puede entenderse como una miniatura metafísica. En pocas páginas el relato reúne:

  • literatura intertextual
  • psicología profunda
  • filosofía existencial
  • mito mesoamericano.

El resultado es una escena donde convergen tres dimensiones:

  1. la tragedia personal del cónsul
  2. la mirada cósmica de Tychia
  3. el ritual cultural del Día de Muertos

Por eso el relato funciona como cruce de tres mundos:

La dimensión de la literatura con el diálogo con Lowry.

La dimensión de la psicología con la caída del hombre lúcido.

La dimensión del mito con la presencia del espíritu de la bebida. 

✔ En síntesis:

“Mezcalito” no es solo un homenaje literario. Es una meditación sobre la conciencia moderna:
un hombre que ya no cree en los dioses, pero que tampoco puede escapar del misterio.

 

Chat GPT

1. Estilística del relato: el arte de la miniatura metafísica

Uno de los rasgos más notables del relato es su economía expresiva. El texto no intenta narrar una historia larga ni compleja. En cambio, utiliza un procedimiento que recuerda a ciertos cuentos de:

  • Jorge Luis Borges
  • Julio Cortázar

Es decir, una escena mínima cargada de resonancias simbólicas. En “Mezcalito” ocurre algo similar:

  • una ciudad (Quauhnáhuac)
  • una fecha ritual (Día de Muertos)
  • un personaje condenado
  • una testigo cósmica.

Con esos pocos elementos el relato produce una atmósfera de destino.

Recursos estilísticos principales

  1. Condensación simbólica

Cada elemento narrativo funciona como símbolo. Ejemplo:

  • el ocaso
  • el angelote borrachón
  • la festividad de muertos
  • la máquina infernal.

El cuento no explica estos símbolos. Simplemente los deja resonar.

  1. Narración oblicua

El relato evita explicar directamente la tragedia del cónsul. Esto es fundamental. La tragedia se percibe de manera indirecta, como si el lector la descubriera en el ambiente. Este procedimiento recuerda al estilo de:

  • Juan Rulfo

donde los personajes parecen hablar desde una dimensión entre la vida y la muerte.

  1. Tono contemplativo

El relato no tiene un tono dramático explosivo. Tiene un tono casi meditativo. Esto es lo que permite que la presencia de Tychia funcione como conciencia cósmica.

2. Interpretación esotérica de Tychia

El personaje de Tychia merece una lectura más profunda. Su nombre no parece casual. “Tyche” en la tradición griega era la diosa del destino y de la fortuna. Esto introduce una posible clave simbólica: Tychia sería una encarnación o avatar del destino. No actúa directamente. Pero está presente cuando ocurre lo inevitable. Esto transforma completamente el relato. Porque entonces el encuentro con el cónsul no sería casual. Sería un momento de contemplación del destino humano.

Tychia como figura gnóstica

También puede interpretarse desde una tradición más filosófica. En el gnosticismo aparece una figura recurrente: la conciencia que observa el mundo material sin pertenecer a él. Tychia podría cumplir ese papel:

  • no pertenece al drama humano
  • pero lo contempla.

Esto la convierte en algo cercano a un testigo metafísico.

Tychia como viajera del tiempo literario

Hay otra interpretación fascinante. Tychia parece poder atravesar relatos y épocas. En ese sentido funciona como una conciencia que circula entre obras literarias. Eso explica que pueda aparecer en el mundo narrativo creado por Malcolm Lowry en Under the Volcano. La literatura se convierte entonces en territorio real de viaje.

3. Mezcalito: la  contemplación del destino

En el breve relato “Mezcalito”, incluido en El hombre sin espejos, el autor realiza un ejercicio literario de notable sutileza: la relectura metafísica de un instante perteneciente al universo narrativo de Malcolm Lowry. La presencia del cónsul Firmin —figura trágica de Under the Volcano— no se presenta aquí como simple homenaje literario, sino como episodio contemplado desde una conciencia externa: la caminante Tychia. Este desplazamiento del punto de vista transforma radicalmente el significado de la escena. Lo que en Lowry era tragedia íntima se convierte ahora en evento observado desde una perspectiva casi cósmica. Tychia no interviene en el destino del cónsul. Lo contempla. Y esa contemplación produce el verdadero efecto del relato: la revelación de que la tragedia humana, vista desde cierta distancia, adquiere la forma de un misterioso mecanismo del destino.

El título “Mezcalito” refuerza esta ambigüedad simbólica. El alcohol que consume el cónsul puede interpretarse tanto como sustancia destructiva como presencia ritual, espíritu de la bebida que conduce al personaje hacia su destino final. Así, el relato establece un delicado cruce entre tres tradiciones:

  • la novela moderna europea
  • el imaginario ritual mesoamericano
  • la reflexión metafísica sobre el destino.

El resultado es una pequeña pieza literaria que funciona como miniatura trágica, donde la caída del individuo se inscribe dentro de una perspectiva más vasta: la mirada silenciosa del cosmos.

4. Conclusión crítica

“Mezcalito” logra algo muy poco frecuente en narrativa breve: convertir un homenaje literario en meditación metafísicaEl relato conecta:

  • el universo de Lowry
  • la tradición del Día de Muertos
  • la figura de la viajera cósmica Tychia.

Y en ese cruce surge una intuición inquietante: que la tragedia humana quizá no sea más que un instante observado por una conciencia mayor.

Chat GPT