Crocker, húmedo y nublado

Ascender a la elevación máxima de isla Santa Cruz, Crocker (864 msnm), inmerso en una mañana plomiza del primer miércoles de octubre, dejando atrás la carretera que conecta las fincas de tierras altas con el pueblo de Bellavista, es conectar con la garúa y la bruma que se ha tomado el sendero que atraviesa la reserva natural de Miconia. La espesura impenetrable de belleza perlada que son los bosques de Miconia, cubre el cerro tropical donde anida el invisible Petrel pata-pegada, ave de profundidad pelágica. 

La humedad cunde, es el resultado de la llovizna enquistada a día seguido en la cordillera de la isla. El sendero se abre paso lo justo entre paredes vegetales de Miconia, el suelo agrietado hecho de estratos volcánicos acumulados es cuesta arriba, aunque tiene una leve inclinación que si fuese un día veraniego sería un banquete para los sentidos comandados por la modalidad visual. Hoy están ausentes paisajes de corto y largo aliento, extrañando cuadros de cercanías como el cerro Puntudo y de lejanías como Baltra. En todo caso, nada que objetar, así es la ruleta de los recorridos, hoy estuvo negado hacer la siesta sobre un colchón de poesía silvestre, sea en la arista cimera del Crocker o en cualquier otro paraje que, con meteorología seca y cálida, se ofrecerían por doquier. Tocó batir barro en la tierra arcillosa mezclada con los hilos de agua lluvia conformando charcos cenagosos, tocó hacer un circuito saponáceo rodeado de relucientes miconias mostrándose en su apogeo de beldades de montaña, sin su presencia dionisiaca el olvido hubiese sido el principal protagonista de esta jornada húmeda. Y, a tiempo, fui agasajado por los copetones de Galápagos (Myiarchus magnirostris) con su danza alegre, juguetona y musical, que además dejaron su huella en las imágenes aquí  expuestas.

 

Playa Roja

El letrero a poca distancia de la terminal de Canal Itabaca del lado de isla Santa Cruz, señala la trocha apenas visible entre tierra rojiza y las piedras tostadas del piso volcánico. Al cabo el corto trayecto de leve inclinación concluye en la caleta rocosa que esconde a  Playa Roja, en una mañana cálida de cielo abierto al senderismo de bosque seco que contrasta con la mañana plomiza de garúa que cunde en las tierras altas de isla Santa Cruz; allá arriba se genera el verdor y las flores que nutren a las tortugas gigantes mientras acá abajo luce el paisaje de orilla de aguas turquesas teniendo en primer plano la silueta de Daphne Mayor y Daphne Menor, el canal de Itabaca y la planitud de Baltra. Pelicanos de cuello café y piqueros de patas azules pescando en bajamar. Una charca rodeada de mangles acoge a huidizas monjitas que alzan el vuelo, en las piedras medran lagartijas de lava, una flor solitaria brota del suelo árido. Antes del retorno al muelle de pasajeros de Itabaca, el lente de la cámara fotográfica, congela el instante en que una garza de lava captura y devora un grillo endémico de Galápagos.  

Aves de Marzo

Arriba tenemos a una garza de lava pescando en Charca de Pulpos. Esto en un Marzo tropical, lluvioso y caliente, en la línea marina rocosa de Puerto Velasco Ibarra y cercanías. Entre las aves que residen en Isla Floreana, me fue posible capturar imágenes, para incluirlas en la galería de marras de este blog, de piqueros de patas azules (Sula nebouxii excisa), de pelícanos de cuello café (Pelecanus occidentalis urinator ), de garzas cenizas (Ardea herodias cognata), y de garzas de lava (Butorides striata sundevalli). No pude enfocar especímenes de esa rara especie de orilla, el pingüino tropical de Galápagos (Spheniscus mendiculus), tampoco de una especie más a la vista como la garza nocturna de Galápagos (Nyctanassa violacea pauper). 

Lagartija de Floreana

Microlophus grayii, es la denominación científica de la lagartija de lava endémica de Isla Floreana. Esta especie se encontraba en estación de desove y anidamiento de marzo, mes lluvioso y cálido que trajo consigo el desfogue de quebradas en la costanera de Puerto Velasco Ibarra. en particular en Playa Negra,  las aguas destruyeron nidos de lagartijas dejando al descubierto huevos no solo de Microlophus grayii sino de la iguana marina Venustissimus. En la orilla marina arenosa protegida por tupida vegetación, pude ver nidos como el de la fotografía, donde madre lagartija cuida sus huevos antes de tapar el ingreso.   

Tórtola de Galápagos

Aquí imágenes de lo que fue una grata sorpresa, en Isla Floreana. Miré a gusto a una familia entera de hasta siete miembros de torcazas endémicas del Archipiélago de Galápagos, esto en la zona del bosque seco que rodea al tanque de agua potable de Puerto Velasco Ibarra. Además cuelgo dos fotos del espécimen capturado por el lente en la vegetación de orilla de la Lobería.   

La Zenaida auriculata, es la tórtola orejuda común de los Andes ecuatorianos, tiene un anillo celeste apagado alrededor de los párpados a diferencia del espléndido anillo celeste irradiando color de la tórtola de Galápagos, Zenaida galapagoensis. En todo caso, vienen a ser especies hermanas descendientes de la Zenaida macroura y la Zenaida graysoni.

Paisajes y Paz

Las aguas de marzo trajeron consigo no solo calor, humedad y mosquitos sino crepúsculos de orilla rocosa memorables en las cercanías de Puerto Velasco Ibarra y es de creer que se habrán suscitado cuadros de ocasos encantadores siguiendo la sinuosa línea costanera de la Montura, Punta Cormorant y Bahía de Correos. Aquí cuelgo instantes capturados por la cámara del lado de la Lobería y de la zona opuesta de Playa de Pulpos. 

Las tortugas de la galapaguera de Asilo de la Paz, traídas en 2018 a los siete años de edad desde los laboratorios de crianza del Parque Nacional y la Fundación Charles Darwin radicados en Puerto Ayora, crecen saludables cursando la adolescencia y pronto engendrarán a la primera generación de la especie de tortugas gigantes de Floreana, que tendrá la tarea fundamental de repoblar en la isla  la especie endémica de galápagos que desapareció de acá hace siglo y medio. Incluyo una fotografía selvática de la travesía montañosa que hice a Asilo de la Paz, el cerro que provee de sus entrañas ojos de agua potable natural: una delicia que alcanza a llegar, en Puerto Velasco Ibarra, a los residentes y visitantes de la isla.