El letrero a poca distancia de la terminal de Canal Itabaca del lado de isla Santa Cruz, señala la trocha apenas visible entre tierra rojiza y las piedras tostadas del piso volcánico. Al cabo el corto trayecto de leve inclinación concluye en la caleta rocosa que esconde a  Playa Roja, en una mañana cálida de cielo abierto al senderismo de bosque seco que contrasta con la mañana plomiza de garúa que cunde en las tierras altas de isla Santa Cruz; allá arriba se genera el verdor y las flores que nutren a las tortugas gigantes mientras acá abajo luce el paisaje de orilla de aguas turquesas teniendo en primer plano la silueta de Daphne Mayor y Daphne Menor, el canal de Itabaca y la planitud de Baltra. Pelicanos de cuello café y piqueros de patas azules pescando en bajamar. Una charca rodeada de mangles acoge a huidizas monjitas que alzan el vuelo, en las piedras medran lagartijas de lava, una flor solitaria brota del suelo árido. Antes del retorno al muelle de pasajeros de Itabaca, el lente de la cámara fotográfica, congela el instante en que una garza de lava captura y devora un grillo endémico de Galápagos.