Garza elegante,
solitaria de orilla volcánica,
vas por ahí sin distracciones,
pasear en bajamar es estar hambrienta.
Garza voraz,
alerta en el conglomerado lávico,
atenta a la cacería intempestiva,
presta a clavar el pico en carne tierna:
suculenta cría de iguana marina.
Garza ceniza de copete azul,
a zancadas de velociraptor,
en carrera prehistórica,
copando la caleta de arena blanca,
atrapas al pie del arrecife a la morena feroz.
Hasta aquí fui espectador,
se veló el desenlace de vida-muerte,
fue una lucha oculta en las grietas,
perdida en laberintos de plataforma gris.
Entonces asumí que la morena zafó,
liberándose de ser presa de la garza,
que reapareció mansa en su atalaya,
oteando largo en el horizonte turquesa,
antes de esfumarse a ras de las olas.
Ahora imagino otro escenario,
la garza apurando el bocado gigante,
la garza en el frenesí de su gula,
la garza siendo ave reina en digestión:
¡Salve pescadora, pico de oro,
glotona de costa brava!
Ahora imagino la secuencia alterna:
la morena endemoniada,
salvaje depredadora,
dientes de barracuda,
rompiendo la garganta emplumada,
retornando vencedora al océano eléctrico.