Escondido sendero rumbo a la caleta isleña rocosa,

se abre discreto y la apuesta es seguirlo,

no como si nada sino luchando con el terreno irregular: 

la gravedad oprime el cuerpo laxo,

la fricción terrenal alerta la mente.

 

Arcilla colorada cubre el espacio de trocha filuda,

campos de escoria volcánica anidan verdores temporales; 

es la media mañana del lagarto calentándose en su atalaya,

respirando, 

esparciendo, 

el aroma de ambiciones marinas.